Primer Dia mundial de la Paz
La proposición de dedicar a la Paz el primer
día del año nuevo no intenta calificarse como exclusivamente nuestra,
religiosa, es decir católica; querría encontrar la adhesión de todos los
amigos de la Paz, como si fuese iniciativa suya propia, y expresarse en formas
diversas, correspondientes al carácter particular de cuantos advierten cuán
hermosa e importante es la armonía de todas las voces en el mundo para la
exaltación de este primer bien, que es la Paz, en el múltiple concierto de la
humanidad moderna.
La Iglesia Católica, con intención de
servicio y de ejemplo, quiere simplemente «lanzar la idea», con la esperanza
que alcance no sólo el más amplio asentimiento del mundo civil, sino que tal
idea encuentre en todas partes múltiples promotores, hábiles y capaces de
expresar en la «Jornada de la Paz», a celebrarse al principio de cada nuevo
año, aquel sincero y fuerte carácter de humanidad consciente y redimida de sus
tristes y funestos conflictos bélicos, que sepa dar a la historia del mundo un
desarrollo ordenado y civil más feliz.La Iglesia Católica procurará llamar a sus
fieles a celebrar «la Jornada de la Paz» con las expresiones religiosas y
morales de la fe cristiana; pero considera necesario recordar a todos
aquellos, que querrán compartir la oportunidad de tal «Jornada», algunos
puntos que deben caracterizarla; y primero entre ellos: la necesidad de
defender la paz frente a los peligros que siempre la amenazan: el peligro de
supervivencia de los egoísmos en las relaciones entre las naciones; el peligro
de las violencias a que algunos pueblos pueden dejarse arrastrar por la
desesperación, al no ver reconocido y respetado su derecho a la vida y a la
dignidad humana; el peligro, hoy tremendamente acrecentado, del recurso a los
terribles armamentos exterminadores de los que algunas Potencias disponen,
empleando en ello enormes medios financieros, cuyo dispendio es motivo de
penosa reflexión ante las graves necesidades que afligen el desarrollo de
tantos otros pueblos; el peligro de creer que las controversias
internacionales no se pueden resolver por los caminos de la razón, es decir de
las negociaciones fundadas en el derecho, la justicia, la equidad, sino sólo
por los de las fuerzas espantosas y mortíferas.
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